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¡TAB! ¡TAB! ¡TAB!
Un tipo desarrapado cruza el centro de la Plaza Mayor. Lleva la muerte en todo el cuerpo. Sus 85 años no le permiten desplazarse con facilidad: sus huesos, músculos y su piel ahora le son un estorbo. Lleva un bastón con el que apoya su andar.
Tres muchachos que lo ven pasar, esperan que se aleje con sus sueños perdidos para, al unísono, romper en gritos:
-¡Cinco lucas! ¡Malacara! ¡Loco! ¡Zorro viejo!
El anciano se detiene, levanta la mirada, la recorre sobre ellos de pies a cabeza y exhala pequeñas proporciones de aire. Baja nuevamente la cabeza y continúa su marcha, mientras su bastón va emitiendo el monótono ¡tab!, ¡tab!, ¡tab!
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